Cuando analizamos un establecimiento solemos concentrarnos en SIMCE y Estándares de Aprendizaje.
Son fundamentales.
Pero existe otra dimensión que también debemos mirar:
los Indicadores de Desarrollo Personal y Social, IDPS.
Porque detrás de cada estudiante que responde una evaluación existe una persona.
- Puede sentirse capaz o incapaz.
- Motivada o desmotivada.
- Integrada o excluida.
- Con expectativas o sin ellas.
Y esas condiciones también se relacionan con la experiencia de aprendizaje.
Autoestima académica y motivación
Este aspecto tiene para mí especial importancia.
- He conocido estudiantes que llegaron a convencerse:
- “Soy malo para Matemática”.
- “No puedo”.
- “Siempre me va mal”.
Cuando esa idea se instala, el problema ya no es solamente disciplinar.
También aparece una percepción personal.
El estudiante puede comenzar un ejercicio esperando fracasar.
Por eso considero tan importante generar experiencias reales de éxito.
Cuando trabaja, mejora y obtiene un resultado que antes parecía imposible, comienza a aparecer otra idea:
“Quizás sí puedo”.
Lo que el profesor comunica importa
Las expectativas también se transmiten mediante frases sencillas:
- “Inténtalo nuevamente”.
- “Has mejorado”.
- “Sé que puedes”.
- “Este ejercicio es más difícil, pero estás preparado”.
- “Cometiste un error, revisémoslo”.
- Cada una transmite algo.
El estudiante interpreta permanentemente lo que los adultos creen respecto de sus capacidades.
El clima también protege el aprendizaje
Otro aspecto fundamental es la convivencia.
Es difícil desarrollar una buena clase en un ambiente de interrupciones permanentes, burlas, temor o falta de respeto.
Por eso durante mis acompañamientos siempre observé aspectos como:
- respeto;
- disciplina;
- relación profesor-estudiante;
- lenguaje;
- refuerzo positivo;
- cumplimiento de normas.
No porque una buena clase deba ser simplemente silenciosa.
Sino porque un buen clima permite enseñar y aprender mejor.
Buen clima y exigencia pueden coexistir
No considero que exista contradicción entre cercanía y exigencia.
Un profesor puede tener una excelente relación con sus estudiantes y mantener altas expectativas.
Incluso puede transmitir:
“Te exijo precisamente porque creo que puedes”.
Esa combinación me parece particularmente poderosa.
Participación
El estudiante también necesita sentirse parte de su comunidad educativa.
- Participar.
- Ser escuchado.
- Asumir responsabilidades.
- Explicar.
- Colaborar.
- Proponer.
- Incluso dentro de una clase podemos preguntarnos:
- ¿Participan siempre los mismos?
- ¿Damos oportunidades a quienes normalmente guardan silencio?
- ¿Valoramos las respuestas aunque contengan errores?
La participación también se aprende participando.
Los hábitos también importan
El aprendizaje tampoco ocurre separado del bienestar.
- Sueño.
- Alimentación.
- Actividad física.
- Hábitos cotidianos.
La escuela no puede solucionar todas las condiciones personales y familiares de sus estudiantes.
Pero tampoco puede actuar como si estas no influyeran.
El estudiante entra a la sala con toda su realidad.
Los IDPS no deberían convertirse en una campaña
Existe un error que debemos evitar.
Recibir resultados.
Descubrir un IDPS bajo.
Y entonces comenzar apresuradamente a desarrollar actividades para mejorarlo.
Si queremos fortalecer autoestima académica, debemos hacerlo durante el año.
Si queremos motivación, debemos construirla diariamente.
Si queremos buen clima, debemos protegerlo en cada clase.
Si queremos participación, debemos generar oportunidades reales.
Los IDPS deberían formar parte de la cultura escolar, no de una campaña previa a una medición.
También importan institucionalmente
Los IDPS complementan los resultados académicos y tienen relevancia dentro de mecanismos con los cuales se analiza el desempeño de los establecimientos.
Por ello, equipos directivos y técnicos deberían comprenderlos, analizarlos y utilizarlos para tomar decisiones.
Pero existe una razón todavía más importante para trabajarlos:
influyen en la experiencia educativa que viven nuestros estudiantes.
SIMCE e IDPS no compiten
A veces parece que debemos elegir:
- aprendizajes o bienestar;
- resultados o convivencia;
- exigencia o autoestima.
- Para mí esa oposición es equivocada.
- Necesitamos estudiantes que aprendan.
- Pero también estudiantes que sepan que pueden aprender.
- Que tengan expectativas.
- Que se sientan respetados.
- Que participen.
- Que visualicen posibilidades futuras.
Por eso SIMCE, Estándares de Aprendizaje e IDPS deberían analizarse conjuntamente.
Cada uno nos entrega información diferente.
Una escuela debe preguntarse algo más que cuánto obtuvo
Además de preguntar:
¿Cuánto obtuvimos?
deberíamos preguntar:
- ¿Nuestros estudiantes creen que pueden aprender?
- ¿Sienten que sus profesores confían en ellos?
- ¿Están motivados?
- ¿Se sienten seguros?
- ¿Participan?
- ¿Conocen posibilidades para su futuro?
- ¿Estamos reconociendo sus avances?
- ¿Nuestras expectativas cambian según el contexto socioeconómico?
Estas preguntas también hablan de calidad educativa.
Porque detrás de cada resultado existe un estudiante.
Y cuando conseguimos que ese estudiante aprenda y simultáneamente comience a creer más en sus propias capacidades y posibilidades, estamos consiguiendo algo que ningún puntaje, por sí solo, puede representar completamente.
Eso también es educación de calidad.